viernes, 5 de abril de 2019

Mi primera (e involuntaria) canción de amor

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Para Alberto con años escuchando música, muchas de ellas planeadas para los momentos en que serían necesarias, se quedó una sin pedirlo:

"Amo la música. 
Desde siempre. 
Ha nacido conmigo este gusto. 
Desde la infancia. Desde que Fasie nos acompañaba en la infancia, desde que la chica del inicial en el Sor Elena me aceptó aquella flor.

¿Por qué tenía tan despierto esta capacidad de relacionar una canción con un momento?. 
No lo sé y soy muy feliz, y sin saberlo también. 

Un día me pregunte: ¿Cuál es la canción que me gustaría que me dediquen? 

En los 90s había mucho que escoger: Ricardo Montaner, Alejandro Sanz, Laura Pausini, etcétera. Había mucha música que escoger en español. También rebusque en los boleros, desde los melódicos como Manzanero, Los Panchos y hasta los de cantina como Guiller, Iván Cruz, Alci Acosta. Aun recuerdo la cara de mi padre cuando entró a mi cuarto (porque no era de tocar la puerta antes), y yo con tan solo 12 años escuchaba a todo volumen "La Cárcel de Sing Sing" de Alci Acosta, quizás él pensaría preocupado que ya tomaba licor.

Esa no era ni intención, hablo del alcohol, yo buscaba música, letras, significados, sentimientos escondidos detrás de la historia que es un bolero. 

¿Qué canción dedicaré cuando me enamore? Era mi preocupación más que encontrar a la persona ideal para dedicársela. Recuerdo un viaje a Huacho en mi adolescencia junto a mi padre, el trabajaba en una comisaría en esa ciudad, que nos detuvimos en un paradero a comprar bebidas y el diario del día anterior, escuche en el puesto una letra que me paralizó: "Mi gran amor, haz sido tu... Aurora cielo y paraíso de juventud..." era Nino Bravo! ¡Era una canción perfecta! Dejé de lado las bebidas, el diario de un día anterior y compré el cassette que estaba sonando en el puesto. 

Mi padre, como buen Leo, interesado en lo material, me reclamó diciendo que él ya tenia un cassette de Nino Bravo, el "siempre" lo tenia todo. Esa noche bebimos agua de un hervidor y dormimos con Nino Bravo a bajo volumen en ese modesto hotel.

Así mi búsqueda seguía su curso. Creí que con Ely, mi chica, me sería más fácil encontrar y vivir canciones de amor, allá por el arranque de los 2000 y sí que lo fue, pero solo describían hechos. "No te apartes de mi", "Tabaco y Chanel", "Amarte así", "Aubrey", o la hermosa "Ben" del gran Michael Jackson en paz descanse. Eran temas propios de una vida de amor. Pero no era lo que yo quería decir. O no decía lo que creía creer acerca del amor.

Con el MTV en la TV en esos 2000 Y yo en frente de ella escuchando, es donde comenzó a rodar un vídeo, el vocalista estaba en la playa caminando. No se veía como un actor de cine, era una persona ordinaria que solo caminaba y cantaba. El vídeo iniciaba en la madrugada y acababa con el amanecer. Todo en una sola toma. Él estaba mojado, seguro llovía, pero en aquella televisión sin alta definición, era difícil darse cuenta.

Mi inglés chamuscado pero arraigado de alguna manera en mí, me hacía comprender. El close and caption de la TV siempre activada, ayudó a interesarme en la canción. La letra habla de muchas cosas que haría aquel muchacho enamorado, cosas que son imposibles pero no para alguien en su condición de "ilusión". La letra era irreal pero real a la vez, en esa canción la fantasía era realidad. 

Al termino de la canción, y como era de esperar, el muchacho extasiado de todo lo declarado, conjura una verdad en todo: Culpa a ella de todas las cosas bellas que suceden en el universo y todo esto mientras amanece en el vídeo. La guitarra (sonido) pierde fuerza y él se queda parado mirando fijamente a alguien del otro lado de la TV y se retira cambiando de rumbo.

Se trata de "Yellow de Coldplay", la canción de amor que más me gusta de manera involuntaria. La canción que querría tocar a alguien estando enamorado. Ahora no sé si sería buena idea, no ha llegado a mi para eso. Ha llegado y se ha quedado en mi para decirme que en el mundo aún existen personas que creen, que a veces las estrellas brillan más gracias a otras personas, y sí lo sabré yo que lo he comprobado y he visto gracias a dos fuentes interminables de amor."

03/15

Regalos

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Alberto no era mucho de agradecer presentes, pero en esa ocasión sí que cambió de opinión:

"(Espera... Suena una armónica...) He nacido para no recibir presentes. No los merezco y no se agradecerlos, no se mirar con ilusión ni sentir satisfacción al recibirlos, simplemente no he nacido para recibir ni merecer presentes.

Desde niño he sido increíblemente aburrido. Las fiestas de cumpleaños que me organizaron y que puedo contar con una mano sin dos dedos, eran todas un desastre. Odiaba pararme detrás de la torta, odiaba tener invitados que no conocía y lo peor, odiaba los regalos porque ninguno era el que quería. La verdadera fiesta empezaba cuando llegaban mis amigos de barrio y nos encerrábamos en mi cuarto, jugábamos a golpearnos simulando ser luchadores o hablar de marcas de camisetas de fútbol de equipos en el mundo.

(...sigo oyendo esa armónica) Mi madre perdió la ilusión en mí, la ilusión de verme recibir con verdadero esmero a "mis amigos" en mis fiestas. A la larga solo se tratarían de vecinos o hijos de sus amigas y amigos. Una madre conoce a su hijo y ella sabía que era un caso perdido. Es por ello que hasta hoy, con 30 años, recuerdo con emoción y con tembladera de dedos aquel regalo que SÍ quería y mi madre me compró: un juego de vídeo. Era de carritos de carreras portable. ¡¡Qué boten la torta!! ¡¡No quiero soplar velas!! ¡¡Quiero encerrarme en mi cuarto a jugar hasta que se me sequen los ojos!!. 

(... Esa armónica sigue sonando y se siente bien) Luego de la infancia, creí que todo mejoraría... ¡Pues NO!, El más grande desaliento que pude mostrar a mis forzados invitados, se dio en mi cumpleaños número 18, oportunidad que no desaproveche para embriagarme ya con el DNI (casi) en la mano. 

Eran las 4 pm del día central y estaba tambaleando de borracho, mi madre y padre tenían preparado algo para mí, aunque intuyo que ellos sabían que si era para mí, algún desastre pasaría. Mi madre, muy a la antigua, quería bailar un vals conmigo, yo quería por lo menos ¡Poder estar en pie! Muchos invitados llegaron y con ellos un tío mío, que "me regaló" a un tipo que tocaba el órgano, por lo menos en mi fiesta, había lo más cercano a un concierto. 

Creo que las formas de comportamiento de un borracho con casi DNI en mano, son predecibles: vómito, inestabilidad física y más vómito. La fiesta acabó a las 10 de la noche, como en los noventas en un toque de queda. Los primos despiadados lograron que probara uno de mis regalos, un agua de colonia que no sabía tan rico como se podía oler y para variar, no me molesté en revisar los demás regalos. ¿Porqué? (como una conspiración o castigo) era nada de lo que yo necesitaba.

(...esta bella armónica es un presente que se ajusto perfectamente a un requerimiento de mi alma y corazón) Desde ahí (o siempre) no he sido invitado a ningún intercambio de regalos, y ni pensar en una torta en el trabajo. En más de una oportunidad deje mi cuenta de ahorros a la vista, pero nadie hacia una sola donación.

Pero uno crece, y las necesidades cambian, rebusco en el cajón de presentes y encuentro entre otras cosas: un walkman, un gameboy, un cuchillo con katana decorativo, un porta foto de snoopy con reloj incluido y (este sonido de armónica...) Sí, una canción. 

Desde un tiempo atrás (los treintas te cambia en muchas formas) acepto todo como si fuera lo último en recibir. Y es hasta ahora que me dejaron escuchar esta canción que (y espero no exagerar) decidí recogerla junto a su sonido de armónica y hacerlo "mi presente" porque me lo dejaron como regalo. Ya no necesito presentes tangibles, podrían ser cualquier cosa que pueda llevar, una palabra o una emoción. And don't be alarmed if I fall head over feet. (De emoción)."

03/15

¿Hacia dónde vamos?

Alberto gusta de escribir. No en un escritorio ni mucho menos se da tiempo para ello, el tiempo lo busca a él. Una aplicación de notas lo acompaña en esos tiempos que parecen perdidos: En un viaje en bus, en la fila o la sala de espera de algún lugar, donde el tiempo guste, ahí Alberto empezará a escribir. De un tirón, un brote natural de inspiración. Tropieza en algunas palabras y en este blog se buscará reparar.

Años de espacios de tiempo inesperados, donde algo se escribió en alguna condición es lo que ahora se comparte aquí.


- Se acerca un cumpleaños más y Alberto reflexiona sobre ello:


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"Cuando uno es niño los cumpleaños son momentos especiales, ansiados, una oportunidad de crecer y llegar a lugares sin límites, físicos y mentales: "El futuro", "el ser grande", estos ideales son la "cruz del tesoro" de mapas dibujados en nuestras mentes con colores y crayolas, cuando se es niño.

Sentimientos opuestos me embargan en un cumpleaños de 31 velas. Está claro que desde éste punto en mi vida, un año más, es un año de miopía, diminutas carnocidades en el pecho, más pelo blanco en la cabeza, más sueño por la tarde, menos tolerancia al alcohol, y muchas más y menos cosas de las cuales me aferro a no perder.


De pequeño soñaba con la vida eterna. Los ansiosos pensamos en la muerte desde pequeños en lugar de pensar en juguetes.

Ahora también, soy un convencido de que vivir muchos años (entiéndase vejez), limitado, estorbando a los demás, siendo una carga pesada, no es negocio y lo mejor es descansar en la eternidad. Me parece inhumano saber que existen asilos donde ancianos, venerables, madres infatigables, que si tuvieran fuerzas cargarían a su hijos por más adultos que se vean.
Ellos pasean entre cuatro paredes, mientras que sus ingratos familiares, demostrando "gratitud" hacia ellos, los encierran. Envejecer ya no es negocio.
Por eso cada día amo más él "aquí y ahora". Por eso, cada cumpleaños que pasa, es una alarma sonando cerca a mis tímpanos, advirtiéndome que debo vivir hoy más que ayer. Es paradójico que los humanos nos sintamos tan superiores cuando hay plantas, árboles y animales que viven mas que nosotros.


Por eso, cada que tengo la oportunidad de ver el mar, es imposible no preguntarle: ¿Cuántas generaciones de las mías bañarás?
¡Vamos que sí se puede! Sólo es un cumpleaños pasado, los 30 solo es una alarma diciéndome que aun seguimos en el juego de la vida y solo me invita a agradecer infinitamente por la oportunidad de estar aún vivo, aún con mucha expectativa y atención... a las oportunidades que vendrán."


Créditos de Imagen: Flickr